El Álamo

Qué tienes, qué tenemos,
qué nos pasa?
Ay, nuestro amor es una cuerda dura
que nos amarra hiriéndonos
y si queremos
salir de nuestra herida,
separarnos,
nos hace un nuevo nudo y nos condena
a desangramos y quemarnos juntos.
Pablo Neruda

El Álamo

Y así pasaban las tardes, ocultos entre sus brazos. Él sólo tenía ojos para Ella y el mundo de Ella era sólo Él. Cada día era una novedad: una fábrica de emociones, una explosión de lujuria. Para ellos ya no existían la rutina ni la escuela, la única lengua que había en su mente era la del otro. Aquel amor era tan sumamente importante, que de lo único que se querían acordar era de aquella aventura cuando no existiera. Y por ello, aquella tarde de abril, tallaron sus nombres en el árbol bajo el que pasaban tantas tardes.

Pasó el tiempo y todo aquello cambió, y aquel amor de primavera se extinguió, se fue por el mar que tanto miraban en sus paseos. Y se llevó parte de sus corazones.

Me encuentro sola y no sé qué hacer. Estoy en la situación en la que una está triste por algo, pero que no sabe bien por qué. Hace nada estaba preocupada , noté que algo me faltaba...aunque ya no me acuerdo qué era. Mañana tengo el último examen, pero no es eso lo que me preocupa.

Mi madre me preguntó que qué me pasa, me ve triste.

-No te preocupes, es el estrés. Los exámenes... ya sabes, mañana tengo el último y estoy cansado de tanto estudiar- le respondí.

-Toma -me dijo tendiéndome un billete-. después de estudiar, si quieres, ve a dar una vuelta y te compras un helado, que hace muchísimo calor y tomar algo de aire te relajará.

Realmente no tenía gana alguna de salir de casa. Desde que lo dejé con mi novia, fueron contadas las ocasiones en las que salí. Esto debe de ser algo así como el ''mal de amor''. Lo peor era que había pasado ya un tiempo y seguía con esta pena encima que nadie me puede arrancar. ¿Estará con otro? ¿Se acordará al menos de mi? De lo que estaba seguro, a juzgar por su actitud, era de que todas aquellas palabras que me dijo cayeron al vacío.

A veces me cuesta mantener la compostura. Sé que mi mejor arma es el silencio, y también soy consciente de que si me acerco a Él me volveré a enamorar. Claro, eso era lo que me preocupaba: Él. Y ahora me doy cuenta de que cada vez que lo recuerdo me pongo triste, pero me alivia y me libera. No fue hace mucho tiempo. Y hablando de recuerdos: Para no olvidar nunca lo que nos unió, tallamos un día nuestros nombres en el álamo cuyos blancos copos lloran sobre nuestro barrio...ahí está el lienzo de mi cicatriz.

Bah! Tanto pensar me voy a saturar. Me voy a dar un paseo, que hace bueno y no me vendrá mal. El examen lo tengo ya preparado.

Abrí el portal y encaré hacia la heladería que tenía a dos calles. Me hundía al ver aquellos niños, tan ajenos a los problemas que ya empezaba a tener... ojalá mi única preocupación fuese la de no aburrirme y que hubiera un columpio vacío. Me compré un helado de limón de dos bolas, como los que solía comer con Ella cuando estábamos juntos. A lo lejos veía el álamo...ojalá estuviera ahora en la calle para quedar con ella, y que ninguna discusión hubiera roto nuestra relación.

¿Por qué no dirigirme a ver el árbol? Quizás cuanto más la recordara más fácil sería olvidarla...me apetecía una dosis extra de recuerdos.

Allí, bajo el árbol, estaba Ella, llorando como el álamo que tenía enfrente. Todas las lágrimas que por orgullo no quiso expulsar, las echó fuera en aquel momento, cuando fue consciente de qué había perdido. Y por allá vino Él, a quien, tras verla, también se le cayó el alma a los pies. Y lloraron juntos, se besaron y fueron conscientes de que a veces el recuerdo no es suficiente para ser feliz. Te amo. Yo también. Lo siento, de verdad. No te preocupes, bobo.

Y fueron felices, aunque no comieron perdices ni fue la muerte quien los separó.

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